El sol que ha decidido no salir hoy, se ha visto infundido del terror determinado por nuestra vida desvalida. No le culpo, yo también huiría si al total desfallecimiento tuviera que a los ojos mirar.

No podría entender el asalto criminal que podíamos emprender por el hecho de vivir; no podría entender nuestra muerte como expiación a nuestro vil existir.

Y en las tierras en que la vida florecía, ahora ésta se ve reprimida; la sangre es el agua fluyendo por la naturaleza vencida por los cadáveres que de abono fungen, salida y entierro no habría.
Y aún recuerdo el llanto y el suplicio al que fueron sometidos, gracias a Dios estoy vivo. Pero las noches me preocupan, porque el auxilio nunca llega, porque aunque imploro luctuoso en la luna fría ellos no volverán; sólo los estertores resuenan.

Y el sol ha decidido no salir durante todo la semana, no le culpo, habrá buscado el lugar donde el bien sí emana. Y a pesar de los auxilios que delirantes nosotros expusimos ante el cielo hoy maltrecho, ninguno de los hombres oyó nuestro cobarde alarido, los malditos dejaron la violencia en su perfecto nido.

Pero ruego a Dios, ruego nuevamente, a que mis ojos caigan, ruego a que  los intereses ninguna vida, de nuevo valgan, ruego porque en la luctuosa huída el retorno no se halle lejos y que aquellos muertos en el limbo vayan al cielo.

Por: Juan Esteban Bastidas Saavedra

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