Por: Germán Camilo Hernández

Claro que llena portadas de diarios, estantes completos de expedientes, celdas de prisiones y quejas en  pasillos y cafeterías.

Claro que llena barrigas de poderosos, bolsillos y paraísos fiscales; es una marca de agua presente en contratos para obras de infraestructura, en los de la alimentación de nuestros niños en sus colegios o en cada peso robado de nuestras empresas como Isagen y Reficar.

Claro que el domingo 26 de agosto más colombianos que aquellos que eligieron al presidente actual, depositaron con esperanza su voto en una incipiente lucha contra este mal.

Pero ¿Y Quién dijo que el problema es la corrupción?

Había una vez, hace más de quinientos años que un hombre llamado Nicolás escribía:

“No hace falta ganar por la fuerza lo que es posible ganar por la mentira”

Ese es el problema: La mentira que nos dicen,  que nos creemos, que nos decimos y que votamos. La mentira con la que nos gobiernan.

Es que un presidente quede electo para reducir impuestos a la gente y posesionado incumpla su promesa a través de un ministro de apellido Carrasquilla.

Es que un alcalde gane aplausos con obras y proyectos que continuaron sólo porque no los pudo tumbar como el Metrocable o la nueva cinemateca de Bogotá.

Es que se engañe a un pueblo para que decida en su contra con historietas como la amenaza castrochavista.

Es que señoras como la senadora Cabal inventen historias que burlan a nuestras víctimas y su dolor, diciendo que los grandes poseedores de tierras son los afro y los indígenas.

Es mentira que se convierte en desprecio por nosotros mismos.

Es saber que si hay corrupción hay corruptos pero no los nombramos, no los destapamos, es saber que la justicia los cubre y permitir que sus rostros sigan saliendo en los tarjetones.

Vencer la mentira, no es sólo poner reclamos en contra de la corrupción, denigrar de los políticos o poner un voto.

Es plantar la cara con decisión, organización, innovación y acciones.

Es que hagamos que la corrupción no se quede en cifras, sino que se nombre con apellidos, rostros y responsables.

Es que nos duela lo que pasa con el país, con nuestros recursos y con nuestra gente. Es que no comamos cuento a los que pierden con un país educado, es que no creamos en cada cadena de whatsapp y en cada trino que ellos ponen a circular.

Es que plantemos cara a la mentira con la que vencieron nuestra capacidad de hacer nuestra propia historia, para que un día esta pueda empezar hablando de Un pueblo trabajador que un día aunque mudo por muchos años le volvió el valor, se cansó de ser humillado y engañado, y pudo hablar, gritar y sacudirse.

Sólo plantando cara la mentira dejará de repetirse frente a nosotros una y otra vez.

Pdta:Ellos/as, los que nos han gobernado por dos siglos y hoy lo siguen haciendo, le han puesto máscara de verdad a sus mentiras, ahora que podemos tiremos las máscaras y pongámosle rostro de decencia a nuestra propia realidad.

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