En 2011, desde la Alcaldía diseñamos, con expertos de la Fundación Clinton y de McKinsey (todos pro bono) y una robusta participación ciudadana, un proyecto hermoso que denominamos el “Corredor Verde”, con buses eléctricos y paisajismo urbano. ¡Hay alternativas para movilizar igual número de pasajero, a la mole del Transmilenio (TM) de Peñalosa que causa desvalorización, alarma y decepción!

Son muchas las razones técnicas, ambientales, de costo-eficiencia, estéticas y de calidad de vida que aconsejan no realizar ese proyecto. Empecemos con las técnicas. Ya un subdirector del IDU ha confesado en memorandos internos que la licitación no es viable por deficiencias en los estudios presentados. Lo callaron de tajo, afirmando en tiempo récord, que las falencias habían sido subsanadas.

Los problemas ambientales son varios. La séptima tiene una riqueza escondida que el Corredor Verde recuperaba. Hay más de siete ríos y quebradas que la atraviesan que deben desenterrarse para la defensa del agua y el embellecimiento urbano. En lugar de los buses eléctricos o el tranvía que recorrerían el Corredor Verde, se colocarán enormes biarticulados contaminantes.

Pasando al tema costo beneficio, la troncal de TM, inicialmente tasada en $1.2 billones, ya va en $2.4 billones y subiendo. Su costo actual equivale al de la Ruta de Sol III, una carretera 4G de 500 kilómetros que atraviesa media Colombia, frente a los veinte kilómetros de la troncal, que además desvaloriza los predios privados a su paso.

Aquí entra el metro de Peñalosa que parte del sur occidente y se queda ad portas del centro de la ciudad. Esa línea aumentará el número de pasajeros sobre el corredor oriental que ya está colapsado y que el TM por la séptima no soluciona al tener con capacidad para apenas 22 mil pasajeros hora sentido, solo 4 mil más que en la actualidad y por semejante costo. Lo que requiere Bogotá, como toda mega ciudad, es el metro pesado, con su primera línea subterránea precisamente por el corredor oriental, diseñada para movilizar hasta ochenta mil pasajeros hora sentido y sin dejar otra herida urbana permanente en la ciudad como la de la Caracas.

Recordemos que el Metro subterráneo que se estigmatizó por costoso valía $16 billones. Ahora resultó que ya están asegurados $32 billones para más Transmilenio. En realidad, sí existían los recursos para el metro ya diseñado y listo para arrancar. La decisión de no hacerlo y gastar más recursos en estudios parece estar más motivada por el negocio del TM, que por garantizar la movilidad de calidad para una ciudad que podría convertirse en el “Hub” de América Latina si asegura calidad de vida para atraer a las grandes empresas continentales y al talento de la creatividad de las nuevas tecnologías.

En el desarrollo urbano se deben contemplar todos los factores. La calidad de vida es uno primordial, emparentado con la estética de nuestros monumentos, avenidas, aire limpio, ríos y quebradas, arquitectura urbana y arborización. Cómo añoro el Corredor Verde con buses impulsados por energía eléctrica, amplios andenes para caminar, una espesa arborización que respete y aumente los 1.945 árboles, incluidos los patrimoniales, que se van a talar y sin el diesel contaminante que expulsará la ciclo vía de la séptima y aumentará nuestra contribución al efecto invernadero que está cambiando el clima del planeta. ¡Si hay alternativas! ¡Salvemos la Séptima antes de que sea tarde!

Por: Clara López

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