Por: Juan Esteban Bastidas Saavedra

Me encontraba en un supermercado apenas empezaron a salir los dos primeros boletines de la registraduría; y me esforzaba por sentir que había esperanza en lo que veía. Infortunadamente, cuando llegué a casa ya sonaba el boletín 6 que ya mostraba que Ivan Duque sería irremediablemente el nuevo presidente de Colombia. Es evidente que sentí tristeza; a pesar de que no puedo ser participe con mi voto por ser aún menor de edad, de verdad me esforcé en la campaña de Gustavo Petro convenciendo a mi familia de votar por él por mi convencimiento por sus propuestas. Además muchas de las personas de mi alrededor también sintieron la apabullante desesperanza. Pero pasadas unas horas, y muchas lágrimas, creo que uno ve las cosas de una manera más clara y menos sentimental.

Primero, creo que es realmente hermoso vislumbrar la oportunidad de un cambio en la manera de concibir la política, y en las posturas que un candidato puede representar. Tal vez en próximas elecciones no sólo veamos una izquierda fortalecida, sino también un fenómeno casi increíble, una derecha coherente sin rasgos feudales, ¿lo imaginan? Sería interesante. Hemos cambiado, al fin. Ya no creemos ciegamente en ídolos del pasado que nos han llevado a muchos de los fracasos que acecen en nuestra inexorable realidad.

Por tanto, acá debo partir caminos con toda la gente que se esmera en vociferar «País de mierda», con esa gente que intenta resurgir violencias del pasado, en medio del enojo, con llamados a insurrecciones que no poseerían la menor incidencia por ser anacrónicas, con esa gente que quiere negar a Iván Duque como presidente, porque como colombiano Iván Duque es mi presidente, así yo no esté de acuerdo con él, porque por el momento se puede asegurar como un presidente completamente democrático; con el que seré crítico obviamente y ante cualquier atisbo de exceso de poder no dudaré en que deberá ser denunciado.
Porque, segundo, aún hay esperanza en un futuro democrático en el que tal vez el cambio pueda gobernar. Porque aún desde la oposición podemos luchar, con todos los riesgos que se sabe puede implicar, pero somos muchos y somos fuertes (como para dejar que el miedo nos venza).
Pero, tercero, todavía con lo anterior, tengo miedo. Porque nuestro presidente es incapaz de enfrentarse a las ideas adversas, como quedó demostrada en las tres semanas de campaña para la segunda vuelta, y con el apoyo de la mayoría de medios es capaz de censurar esos pensamientos, es capaz de ocultar las realidades de esas tierras eternamente olvidadas (más de lo que ya están). Me preocupa que las condiciones vayan a peor y que se promulgue la indolencia tan característica de nosotros. Me preocupa tener en nuestro presidente alguien que necesitó la aprobación de una personalidad gigantesca para ganar, además que requiera copiar esa personalidad para dar credibilidad a sus simpatizantes, ¿no han notado que en los discursos Iván Duque sufre un «paisaisación» en su acento? Tengo miedo de que vuelva con más fuerza la persecución. Temo que de verdad Duque no sea un «presidente para todos», como quiere hacer parecer, sino que sea un presidente para el godismo del establecimiento ignorando esa Colombia diversa, esa Colombia indigena, negra, LGBT, pobre y popular. Tengo miedo de que sea un titere o de que se revele para ser un inepto. Ojalá y me diera sorpresas. Siento sosobra.
Pero como ya he dicho, aún hay esperanza de un cambio porque hasta ahora se está preparando, esperemos con calma y con crítica férrea. ¡Qué no pasen sobre nosotros!

Leave a Reply