Por. LUIS CARLOS LOZANO OSPITIA

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Uno de los negocios más prósperos en la actualidad, es crear iglesias de garaje que en poco meses se vuelven palacetes, mansiones, unos gigantescos galpones llenos de ovejitas descarriadas, ávidas de fe, esperanza, salud, amor, dinero etc., El derroche de tecnología y comodidad para los asistentes al dichoso auditorio: con cientos de sillas, circuito cerrado de televisión, pantallas gigantes, luces robotizadas, orquestas retumbantes, aire acondicionado o calefacción, gente apuesta y uniformada, con trajes recatados e impecables a las entradas de dichos claustros (Ujieres), como si fuera porteros de hoteles de cinco estrellas. Todos en busca de calmar sus penalidades, vacíos, almas perdidas en busca de la salvación, motivados por unos elocuentes oradores, tratan comprender la pasión y fervor que generan en sus seguidores, ellos son los llamados pastores, maestros, siervos, ancianos etc. Pero en la realidad están distorsionando el tercer mandamiento de “no tomar su santo nombre en vano

Es tan rentable la industria de la fe en estos tiempos de caos y desolación, que se están enriqueciendo centenares de “iluminados personajes enviados por Dios”, mientras sus seguidores se sumen cada vez en la pobreza espiritual, económica, emocional y psicológica. En estos “pedestales” enseñan y viven un cristianismo basado en la emoción de la sicología pastoral, en el retumbar de la música instrumental (subliminal), con gritos de lamentaciones, supuestos milagros; donde todos invocan a Dios y adoran a su pastor como si fuera un nuevo redentor.

Estas iglesias enseñan sobre el evangelio de la prosperidad, en su esencia, solo invitan y coaccionan a las personas a dar y dar más dinero, como: el diezmo, ofrendas, primicias, semillas; como si el evangelio solo fuera dinero, toman el diezmo como una bendición divina, el no diezmar como ruina, un pecado, con esto han convertido la religión en un negocio. Se cobra dinero por orar por algún enfermo, o necesitado, para salvar sus almas, realizar negocios a sus feligreses en resumen cobran por creer en un Dios y tener fe etc. Haciendo del evangelio y los dones dados por Dios, en un negocio, el afán de dinero en todos sus cultos es relevante.

Pocos se preocupan ni saben el destino que se le dan a su dinero. ¿Pensarán que eso se consigna en las cuentas del Salvador? ¿Que todo va directo al Banco de la Felicidad y lo más necesitados?

¡Qué lucrativo negocio!

Donde predicadores y ministros cristianos, hacen un llamado a servir, a velar, ayudar al prójimo, a mostrar el amor de Cristo, al necesitado, a la sociedad, y al mundo entero, pero en la realidad, solo buscan y reciben un beneficio material para ellos.  

Dando como resultado un caos en nuestra sociedad cristiana, y por ende un pueblo sumido en la ignorancia y en la religiosidad, al ser guiados por una horda de pseudos ministros de Cristo.

En la actualidad, la iglesia, está sumida en la más penosa oscuridad en cuanto al conocimiento de la verdadera palabra de Dios, siendo gobernada, dirigida y administrada, por ciegos y sin una pizca del temor a lo sagrado y divino, que mueven millones de pesos para sus arcas personales a costas de las ovejas adiestradas.

   

1 Comentario

  1. Un buen texto pero no hay que caer en el error de generalizar. No todas las iglesias, mayormente protestantes, basan su predicación en la mal llamada “teología de la prosperidad”.
    La civilización occidental descansa sobre el cristianismo. Además del sistema capitalista que tiene muchos principios derivados de la ética protestante.

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