Hoy se habla constantemente de paz. la oímos nombrar en discursos, alocuciones, programas y documentos de los más destacados personajes de la vida pública, además se convirtió en una herramienta de trabajo para la prensa hablada escrita y redes sociales, en igual forma fue un tema ineludible para los candidatos presidenciales, algunos se expresaron en tonos altisonantes y de dudosa comprensión y otros manifestaron la importancia de la vida y la paz y defendieron sus tesis con ardentía, coraje y civilismo. sin embargo, el actual gobierno no habla con exactitud, rigor y claridad, sobre ajustes, o si va terminar haciendo trizas el acuerdo de paz, como lo anuncio su partido.

Presumo, que el actual gobierno confunde la paz con la simple ausencia de guerra y de sangre derramada, con la ausencia de todo conflicto y que no hay afectación en la seguridad nacional y la tranquilidad pública, que los asesinatos de los lideres sociales, son fantasías y especulaciones populares. La paz no es una tregua, no es un alto al fuego. La paz no es el resultado de una victoria militar sobre el enemigo. No podemos hablar de paz cuando en nuestro país hay persecución a dirigentes y líderes políticos, donde no se respeta la vida y aún se practica la estrategia de falsos positivos.

No podemos hablar de paz definitiva mientras estamos dominados por la injusticia, la inequidad la opresión y la mentira. La paz real, autentica es un bien moral y político que se alcanza cuando se establezca un estado con justicia y equidad, libertades fundamentales y reconocimiento de la verdad de todos los actores que intervinieron en el conflicto armado.

En síntesis, la paz es el respeto real de los derechos humanos, cuando los derechos humanos son atropellados por la violencia o el terror, se está en guerra, porque atenta contra lo más sagrado del hombre, su familia y la sociedad. No puede haber paz, mientras hay sicarios, asesinos, torturadores que secuestran e intimidad a la población, criminales de guerra a la orden de oscuros intereses, de grupos armados, mafias, y sectores que desde tiempo atrás han contribuido con la violencia y el terror para obtener más riqueza aumentando la posesión de tierras, el poder en explotación del agro industria, y el poder político.

Las bancadas políticas en el congreso se disputan la autoría de la paz y han convertido uno de los derechos fundamentales establecidos en la constitución del 91, en un laberinto sin soluciones descartando lo alcanzado por el gobierno anterior, los acuerdos de paz. el actual gobierno y su partido fomentan el odio la venganza, la intriga, y la mentira manifestando ser poseedores absolutos de cómo aplicar el derecho fundamental de la paz. Y así volvemos al pasado donde los partidos liberal y conservador sometieron al país a una guerra fratricida durante muchos años. Hoy estamos al borde de una confrontación igual al enfrentamiento de los partidos tradicionales “chulativas y cachiporros”, o más brutal y encarnizada.

Ante estos acontecimientos, es necesaria la unidad de los partidos de centro izquierda, de los movimientos sociales y políticos y del pueblo colombiano en general, que en su mayoría lucha y desea una paz duradera, verdadera con respeto a la vida, justicia, equidad, libertad y con los derechos fundamentales. Es un hecho y una realidad, todos unidos enfrentaremos al nuevo gobierno que tiene un carisma dictatorial totalitarista, que obedece ciegamente a los dictados de la oligarquía colombiana que tiene como objetivo, destruir los procesos de paz firmados en la habana y en el teatro colón.

Por: Jaime Zubieta Vanegas

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