Por: Camilo Villa Romero

No es nuevo que los diagnósticos políticos muestren en Colombia un comportamiento altamente polarizado, y es que la violencia en el país casi siempre ha estado relacionada con política. La persistencia del conflicto armado es la mayor expresión de la polarización, luego viene lo que conocemos cuando se acaba la política, la guerra. La polarización es el ambiente ideal para los extremos, la polarización hace finalistas los argumentos y sectarias las posiciones, la tendencia es a deshumanizar al contradictor quien pasa de adversario a enemigo. El viejo cuento dice que en tiempos de la violencia un campesino se encuentra a un hombre armado en un camino rural y este le pregunta apuntándole con su escopeta ¿Liberal o Conservador?, él intuitivamente le respondió, “di tu primero”.

En medio de la polarización no se escuchan los argumentos de la contraparte, se pierde el lenguaje como mecanismo de resolución de conflcitos, se reduce la comunicación a las amenazas y al comportamiento hostil y destructivo, se justifica el fraticidio entre colombianos, gana el miedo.

La opinión en medio de la polarización se comporta caprichosa. Son más influyentes las sensaciones reactivas que las identitarias. Miremos por ejemplo lo sucedido en la campaña del Plebisito por la Paz, aunque por primera vez en decádas de intentos fallidos, un proceso de paz había conquistado un importante acuerdo para terminar definitivamente la confrontación armada, que incluía la transformación del campo mediante una gran reforma rural, iniciativas para ampliar la democracia y la participación política, contenía el diseño de soluciones concretas para hacer frente al problema de los cultivos ilícitos y lo mas importante, la dejación de armas y entrega de bienes así como el sometimeinto de las FARC a la Justicia Especial para la Paz – JEP, aún así estando en juego la paz, de lejos el mayor logro de una Nación, aún así prevaleció el sentimiento de revancha contra las FARC que el sentimiento de hastío y cansancio a la guerra.

Aún con serias limitaciones la democracia colombiana empieza a madurar y como efecto de la terminación paulatina del conflicto armado se desactiva el instrumento de equiparación de la oposición con el contrincante del Estado. La sorpresiva masividad con que los colombianos acudieron a las urnas el pasado 26 de agosto en la Consulta Anticorrupción muestra a una ciudadanía más polítizada, y proclive a cambios institucionales en el país. He allí la importancia de polítizar los problemas y los asuntos públicos, solo migrando de la polarización sorda e impositiva a la politización de los problemas encontraremos las soluciones que respondan a los intereses mayoritarios. La politización permite a la ciudadanía estar alerta y en vigilia permanente de las actuaciones de sus gobernantes. La mirada escrutadora de la población en defensa de sus propios intereses, ganado el nivel de interacción que permite hoy el acceso a internet y las redes sociales, resulta mucho más auténtica y directa que la cansada imagen independiente de los grandes medios de comunicación que favorecen en ocasiones a despolitizar los conflictos.

Despolitizar es dar paso a las desiciones de fuerza y al autoritarismo por encima del diálogo y la diplomacia, despolítizar es descontextualizar los conflictos, se pierde la capacidad de indagar por las implicaciones sociales de un asunto. Quien despolitiza busca el vaciamiento de la democracia, apuesta por una ciudadania pasiva pero sencible a las posiciones reaccionarias, ellos no conocen de argumentos pero quieren un responsable. Despolitizar también trae réditos, no es deseable que la presencia ciudadana en los debates políticos tenga la fuerza necesaria para cambiar los marcos institucionales existentes.

En adelante el actual Gobierno Nacional tiene el gran reto de hacer realidad las iniciativas legislativas contra la corrupción que resultaron del proceso de la Consulta Popular. Es un mandato que dificilmente se puede apartar de la escena poítica y que no se puede soslayar por el hecho de no haber alcanzado el umbral, más aún cuando a la vuelta de la esquina se avencinan las elecciones locales y la imagen favorable del presidente Duque ha disminuido considerablemente a un mes de su posesión.

Leave a Reply