Por: César Virgilio Moreno

Resaltando los títulos universitarios y presumiendo de nobiliarios, Kikón Peñaloza, es la viva imagen del inútil privilegiado que a carga de los cargos públicos hace nombre y plata.

Es como diría Daniel Samper, la especie de los “niños mal de los barrios bien”.

Niños y niñas como Gina P, especiales, que no por retardo evidente dejan de entender.  Su lio, no es tanto de limitación psicosocial, como de su condición natural, astuta y ventajosa, de aprovechar su limitación social y sentido político, para perjudicar a millones de persona, limitar el desarrollo a costa del bobo vivo que hace de lo público, del bien común, su gran negocio.

Como en la decadente y ridícula corte francesa, nos gobiernan los vestigios de monarcas que aún puede darse el lujo, gracias a su linaje, de hacer gala y exponer con toda afirmación su auto ridiculización, de la clase que puede indignarse y  vanagloriarse de su propia limitación. Así de esta especie tan privilegiada y abundante es nuestro Alcaide.

Un encumbrado ego que escala posiciones, gracias a las recomendaciones, y que de posición en deposición, va ascendiendo, hasta llegar a ser Alcalde Mayor. Llegar, repetir en la posesión del cargo público, el segundo del país.

A imagen y semejanza de su grandeza, desde allá, desde las foráneas nubes en que anda, pensó una  ciudad al estilo volátil; en el aire, con un metro elevado y una administración elevada en gasto público, todo eso en el aire, para los que pueden ir volando,  mientras tanto aquí en la tierra, tanto en el norte como en el sur, ni se ve ni se siente una ciudad mejor, en algo. Lindo y queridos, qué bella alienación, de nación de alma boba que quedamos comprendiendo y subsidiando la boba incompetencia de estos taimados y privilegiados niños especiales de la política y el poder, que al ser incompetentes en la empresa de su padre, por simple palanca son endosados al cargo público. El desangre de Colombia está en haber sido condenado a ser  beneficencia de protección de los más privilegiados. La pena del pobre que siente vergüenza porque  el patrón se equivocó. El pobre que vende al necesitado. Si esa es nuestra naturaleza que siga imperante el gobierno que se merece este pueblo, que sería miserable. Que se siga comiendo, ya que no aguanta hambre, el cuento, los cuentos, de la sangre azul y tener que agradecer por dejarnos existir y comer de sus migajas. Qué coman de eso que llaman Bogotá mejor para todos, aun a sabiendas que ese todos es para todos los que tengan acciones en Transmilenio, Bogotá Mejor para todos y todas los y las grandes contratistas,  Claro que Bogotá es mejor para todos los amigos internacionales del Alcaide. Qué bonita es la gente en Colombia, que comprenden y toleran al opresor, a quién roba  el bienestar de su familia. Pero es que los colombianos somos así, farolo de parque y clandestinidad en la casa.

 

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