Por: Clara López

La masiva movilización estudiantil deja muchas lecciones. La primera de ellas, que aún en tiempos de posverdad, la argumentación razonada alrededor de metas sociales compartidas, mueve a la gente. En segundo lugar, que los estudiantes y más ampliamente los jóvenes, pueden liderar a sus maestros y a sus mayores en busca de una sociedad mejor y, en tercer lugar, que la movilización organizada y disciplinada consigue logros palpables.

El movimiento estudiantil consiguió el apoyo de rectores y profesores, sistematizó la información y tocó a los medios de comunicación con cifras y argumentos convincentes sobre la desfinanciación de las universidades públicas. Acompañados por el Sistema Universitario Estatal SUE, documentaron la enorme deuda acumulada que ha impedido el crecimiento de cupos para satisfacer las necesidades de una juventud ávida de conocimientos y el mejoramiento en materia de apoyos tecnológicos, investigación, docentes con doctorados y el mantenimiento y ampliación de la infraestructura para albergar una educación de calidad.

La crisis universitaria actual se viene incubando desde cuando, al expedir por decreto el Plan Nacional de Desarrollo, el expresidente Andrés Pastrana derogó el artículo 87 de la Ley 30 de 1992 que contemplaba recursos crecientes para la universidad pública. Desde entonces, se consolidó silenciosamente la política del marchitamiento de esta institución clave para el desarrollo económico y social del país, y para satisfacer el derecho a una educación universitaria a los jóvenes de todos los estratos sociales en la era del conocimiento y de la cuarta revolución industrial.

El Pacto Internacional de los derechos sociales, económicos y culturales. que entró en vigor en 1976, propugna por el acceso progresivo a la educación superior gratuita. Países como Argentina la ofrecen desde los años cuarenta. Colombia tiene ya un nivel de desarrollo suficientemente avanzado para garantizar ese derecho en condiciones de gratuidad y calidad. El problema no es de faltantes en los recursos sino de prioridades en el gasto público. No puede ser que gastemos apenas $4.7 millones al año por estudiante mientras se destinan $18 millones anuales por interno en las cárceles.

Pero tal vez la lección más importante que han dado los estudiantes y por segunda vez en esta década, es que la movilización masiva tiene efectos y se consiguen logros. En el 2011 lograron que el gobierno retirara una reforma educativa regresiva a punto de ser aprobada por el Congreso. Esta semana, acompañados activamente por rectores y docentes, consiguieron $500.000 millones adicionales para las 32 universidades públicas. Desde luego que no es suficiente y, además, como lo afirmara Jairo Torres Oviedo, rector de la Universidad de Córdoba y presidente del Sistema Universitario Estatal, está mal distribuido; pero el gobierno ha tomado nota que se debe acabar la política del marchitamiento de la universidad pública y reemplazarse por una verdadera política de fortalecimiento y optimización de calidad en gratuidad.

La evolución del movimiento estudiantil está dando frutos. Atrás quedó el tropel que espantaba la solidaridad y ahora avanza la movilización social plural y multitudinaria. Fue aleccionador, para quienes incumplen la disciplina de la lucha, ver a estudiantes limpiando las pintas de los articulados del Transmilenio y rechazando el vandalismo contra la sede de RCN Radio. Oportuno ese rechazo a las provocaciones que atentan contra el derecho a la protesta y movilización y que buscan disolver la cohesión lograda por la organización estudiantil.

Ese es el camino del ascenso de masas que se registra hoy en Colombia con la masiva movilización por la defensa de la universidad pública. Buenos argumentos, amplia convocatoria, alegría y paz en las marchas y firmeza para seguir adelante. Ayer convocó la solidaridad de muchos estudiantes de las universidades privadas y del SENA.

Vienen más movilizaciones porque la lucha sigue. Falta mucho para conquistar los objetivos buscados y los estudiantes, profesores y rectores merecen ser acompañados por la solidaridad de los trabajadores, las centrales obreras, los padres de familia y todos quienes queremos una Colombia mejor. Los estudiantes nos están mostrando que si es posible.

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