Por: Daniel Castro

Colombia es un país totalmente convulsionado, es una nación marcada por la guerra y en los últimos años totalmente dividida por la política.

La semana pasada estuvo marcada por muchas noticias que, lamentablemente, no son muy alentadoras para el país, los secuestros, la confrontación armada, y otros titulares del pasado que parecieran estar de regreso a los medios de comunicación.

A pesar de todo esto, se produjo una notícia que hizo mucho eco y dividió la opinión pública; una mujer en un avión rumbo a Estados Unidos agredió verbalmente al expresidente y premio Nobel de Paz Juan Manuel Santos, la polémica se formó al rededor de quienes defendían tal actuación y quienes la rechazaron.

En lo personal debo reconocer que, aunque le agradezco al gobierno Santos el acuerdo que finalizó el conflicto con las FARC (hoy partido político) también les confieso que con el expresidente sostengo una diferencia ideológica con respecto a su política económica, que me parece más de lo mismo y una política neoliberal que sólo buscaba sostener un modelo donde el rico es cada vez más rico, y que nos ha llevado a ocupar el penoso título de estar entre los cuatro países más desiguales del mundo.

La polarización en el país se agudizó en los últimos años con el tema de las Negociaciones de Paz entre el gobierno de Santos y las FARC dado que el Centro Democrático hizo una fuerte y deshonesta oposición apelando a la rabia, indignación y hasta la violencia.

En Abril del presente año tuve la oportunidad de conocer personalmente al presidente Juan Manuel Santos en Casa de Nariño, siempre pensé que reacción tendría al estar frente a un presidente para ese momento con el que tenía agradecimientos; pero también una diferencia ideológica tan grande y les quiero confesar que pensé en decirle que su política económica era neoliberal y desigual pero créanme que cuando estuve en frente de Santos mi educación mi consciencia me dieron un mensaje venía Juan Manuel caminando y pensé llegar hasta aquí para hablar de diferencias sólo lo hace una persona sin preparación y sin capacidad de diálogo y argumentación.

Entonces de pronto el presidente me saludó a mí antes que yo a él y me dije vamos a aprovechar el tiempo por mi país e inició un diálogo que se centro en lo que nos podría unir para construir ina mejor Colombia y terminó con un apretón de manos.

Recordé este episodio al tiempo que veía como esa mujer en el avión maltrataba verbalmente a Santos y créanme que esos comportamientos son cobardes, que lo único que demuestran es que no somos capaces de poner a Colombia en el centro de las diferencias porque nos da miedo aprender del otro y que como lo dijo alguien en un medio: Colombia es un país enfermo por tantos años de guerra y de confrontación.

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