Por: Robinson Galeano

El Elegido

La guerra en Colombia no tiene trazos de terminar nunca, y el ánimo de sus gentes, desde hace mucho tiempo, es abrirle camino a la convicción de que es mejor otro país definitivamente.

La gente no quiere hacer de su existencia años muertos de espera, especie de breve interregno, como el que precede toda lucha; siendo la zozobra más grave que la guerra.

<<Al gobierno no le pedimos carreteras, ni luz eléctrica, ni caja agraria, pedimos paz>>, (Colombia Amarga) los pueblos colombianos, diminutos se desangraron por la violencia 60 años y hoy han vuelto a sus andanzas porque hay interesados en no dejarlos transitar a la paz.

Un conquistador intrépido de un país ignoto, cercano al pueblo, un hombre de la calle, lucha con convicción por cambiar este sentimiento de país.

No es posible que después de matar el tigre nos asustemos con la piel.

La paz es la plataforma para impulsar los sectores sociales más olvidados y deprimidos. No la de los ricos con grandes residencias, quienes observan con sorna la miseria desde sus carros.

La oportunidad de construir un país donde quepamos todos es ahora, elijamos la paz y la esperanza es vez del miedo y la guerra.

Editorial tiempos duros.

 

 

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