Por Rafael Ballén

A menos de trece meses de las elecciones legislativas y a un poco más de quince de las presidenciales, pensando en el papel que podrían jugar las izquierdas para darle continuidad al proceso de paz, me reafirmo en lo escrito en el libro Carta sin sobre a los Inconformes de Colombia (agosto de 2016) y en el artículo “El Polo y las izquierdas hacia 2018 en tres etapas (diciembre del mismo año). Esos dos documentos dicen que nunca como hoy esa franja independiente de centro izquierda que le dio la victoria a Santos en la segunda vuelta de 2014, y puso entre el sesenta y el setenta por ciento de los votos por el SÍ en 2016, es la única que está en capacidad de atajar la mezquindad de ese sector excluyente y fariseo que siente dolor y rabia al ver el éxito y la legitimidad de los Acuerdos de La Habana. A pesar de las torpezas del Moir, creo que aún no está cancelada la primera fase: el entendimiento en el Polo.

Hay nuevos hechos que refuerzan los criterios expresados en esos dos documentos: han comenzado a ejecutarse los Acuerdos de La Habana, se ha iniciado la negociación formal con el Eln, han surgido distintos precandidatos presidenciables y han dado sus declaraciones –también Clara López ha sido entrevistada por Yamit Amad–, la corrupción salpica a las dos campañas presidenciales del establecimiento de 2014 y se han publicado muchas encuestas de opinión.

En ese contexto la ministra del Trabajo consulta a los militantes del Polo Social, dónde puede cumplir mejor su ideario en cinco puntos: construcción de la paz en democracia, cumplimiento de acuerdos de La Habana, negociación con el Eln, las reformas sociales y la lucha contra la corrupción.

Si el gobierno Santos estuviese comenzando período, si la tendencia del Polo Social tuviese una bancada capaz de decidir un paquete de leyes y actos legislativos sociales, si Presidente le diese a Clara López luz verde absolutamente en todo, si las negociaciones con el Eln tuviese un plazo improrrogable de menos de un año y si no fuesen tan pobres las opciones políticas comprometidas con la paz en la perspectiva de 2018, se podría decir sin vacilar que el mejor papel de Clara López lo podría desempeñar dentro del gabinete. Pero como todas estas variables son adversas, es urgente la presencia de Clara López en la palestra política-electoral de 2018. En cualquiera de los escenarios –con la izquierda unida o fraccionada–, aquí y ahora, veo que es el momento de Clara López. Más exacto: si hoy se hiciera una consulta entre todas las vertientes de izquierda la ganaría de lejos Clara López. Pero si la consulta es interpartidista entre los amigos de la paz –liberales, incluyendo a De la Calle, la U, Polo, Verdes, UP y un sector del conservatismo– también de lejos la ganaría la actual ministra del Trabajo.

Contrario sensu, si Clara López no está en las presidenciables de 2018, será una campaña fría, altisonante y sin un candidato ponderado que le compita al uribismo y al varguismo. Entre estas dos corrientes será la segunda vuelta, si no es que se unen y ganan en la primera. Más grave aun: si Clara no acompaña este proceso e Iván Cepeda no asume el liderazgo nacional para plantarle cara al Moir y llenar el vacío que deja López en el Polo Paz, la bancada legislativa de esta corriente desaparecerá, y la izquierda se debilitará ostensiblemente, poniéndose en riesgo lo poco o mucho que se ha alcanzado en los procesos de La Habana y Quito.

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