Por: Rafael Ballén

El editorial de El Espectador (20/noviembre/2016), dice: “Si no se inicia cuanto antes la implementación, no auguramos buen futuro a la posibilidad de terminar el conflicto armado con las Farc […]. Es urgente que el Congreso pueda iniciar cuanto antes la implementación de este acuerdo”. Sergio Jaramillo, en conversación con el mismo diario, en la misma fecha, dice: “Esto no da más […]. Ahora hay que pasar a la implementación […]. El acuerdo está cerrado, pero la implementación está abierta”. Todd Howland, representante de la Onu, en un corto reportaje menciona cuatro veces la palabra implementación: “Si no se comienza rápido con la implementación de los acuerdos se va a perder más terreno”. “Todavía no se ha empezado la implementación”. “Yo creo que ya estamos quedados en la implementación”. “El acuerdo puede ser muy útil, pero lo más útil es empezar a implementarlo ya” (El Tiempo, 21/nov/2016).

Los medios, los negociadores, el presidente Santos y todo el mundo incurren en un error conceptual. Es como si se dijera: “La Constitución está escrita, ahora tenemos que implementarla”. Pero sabemos que la Constitución no se implementa: se cumple, desarrolla, ejecuta y se hace realidad. Lo mismo sucede con el Acuerdo firmado entre el Gobierno y las Farc, porque el verbo implementar se usa antes de. La implementación existió hasta antes del 19 de noviembre 2012. De ahí en adelante fueron debates y decisiones para ponerlas en el papel, hasta la firma del Acuerdo Final. Y, después de este acto protocolario el verbo rector debe ser “cumplir” lo acordado. El mal uso del verbo implementar le causa un daño enorme al Acuerdo y a su propio cumplimiento. Efectivamente, según el Drae implementar no es un verbo definitivo, sino preparatorio de una acción posterior: “Poner en funcionamiento o aplicar métodos, medidas, etc., para llevar a cabo algo”. En el caso concreto de la negociación con las Farc, se siguió un método, un procedimiento, un camino para llegar al Acuerdo Final.

Utilizado erróneamente desde el principio en la narrativa de la negociación, el verbo implementar hoy, está fuera de tiempo, y en todo caso resulta incoloro, insípido y flojo. Carece del poder vital del cumplimiento, confunde a la gente del común y contraría el uso correcto del lenguaje. Más bien contiene el poder destructor de las palabras. En efecto, el punto 6 del “Acuerdo General para la terminación del conflicto y la construcción de una paz estable y duradera” (26/agosto/2012), se denomina “Implementación, verificación y refrendación”. Y, debajo de ese epígrafe se lee: “La firma del Acuerdo Final da inicio a la implementación de todos los puntos acordados”. Esa confusión inicial de conceptos llevó a que el Acuerdo Final de las 297 páginas y luego el de las 310, incurrieran en el mismo error. Por eso, ambos dicen que “tras la firma del Acuerdo Final y con el fin de garantizar la implementación de todo lo acordado –políticas, normas, planes, programas– y facilitar su seguimiento, habrá una Comisión de Implementación, Seguimiento y Verificación del Acuerdo Final de Paz y de Resolución de las Diferencias (CSVR)”. La categoría de esa Comisión aumenta el caos narrativo del Acuerdo. Ese organismo debe llamarse: Comisión de Seguimiento, Verificación y Cumplimiento del Acuerdo Final.

Conclusión: es hora de que los medios de comunicación y el Congreso –al momento de la refrendación–, rectifiquen ese error conceptual. De no hacerlo ya, el futuro Gobierno podrá decir: el Estado no pactó con las Farc el cumplimiento del Acuerdo, sino la mera implementación.

@Rafael_Ballen

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