Por: Luis Carlos Lozano Ospitia

El gobierno central y los medios masivos de comunicación al servicio de los grandes capitales de Colombia, vendieron la imagen a nivel internacional que el mayor problema de este país eran las FARC, una vez ceso el conflicto armado, a los pocos meses de esta supuesta paz, se evidenció el verdadero problema que tiene sumido al país en el peor vandalismo; que no solo destruye a la economía del país, las infraestructuras, la ecología, la moral sino a la sociedad en todas sus expresiones.

Ese fenómeno es la corrupción política y de un grupo empresarios, donde se están robando, desviando y esfumando billones de pesos que le pertenece al pueblo colombiano; en contratos torticeros, leoninos, en sobornos, en sobre costos de las obras, en ascensos en las diferentes instituciones estatales, compra de votos etc. Estas maniobras dolosas germinan a la sombra de arruinar a la salud, la educación, incrementar impuestos, reformas laborales que acaban con las pocos derechos adquiridos, reformas tributarias que solo arremeten contra los más vulnerables; todas estas falacias van directamente a incrementar la delincuencia, la pobreza y por ende la impunidad.

No debe ser un orgullo para Colombia, ocupar el segundo puesto de corrupción del continente, donde las estadísticas señal que el 80% de los colombianos desconfían de la honestidad de los políticos y sus funcionarios.

Los niveles percibidos de corrupción política son exagerados en este país, donde no se deslumbra un ápice de luz, que cambie este modelo tergiversado de las instituciones y los políticos de gobernar. A pesar de los centenares de denuncias e investigaciones judiciales, que por cierto son imparciales y mediocres contra estos delincuentes que han abordado el poder para enriquecerse ilícitamente a costa del humilde pueblo trabajador no se observan respuestas positivas.

Son paños de agua tibia los utilizados por los gobierno de turno, para pretender erradicarar el delito de la corrupción.

Este flagelo conlleva a consecuencias negativas en el apoyo político, a las instituciones estatales, al descrédito de esta débil democracia, donde parte de sus gobernantes son elegidos con patrocinio de dineros calientes provenientes del narcotráfico, de bandas criminales, empresarios corruptos y de otras modalidades delincuenciales.

Colombia se ubica lastimosamente dentro de los países con la menor satisfacción de su democracia, donde reina la desconfianza e impera la insatisfacción social, donde las propuestas gubernamentales para cambiar esta imagen perjudicial, no convencen a su pueblo.

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