Por:Pablo Bastidas

Cuando según las encuestas el 67% de los colombianos le iban a decir sí a la paz, y se tenía aceitada la maquinaría y acorde con el momento histórico que Colombia requería, el Centro Democrático, las fuerzas de extrema derecha orquestaron desde la táctica y la estrategia de la posverdad, lo que sería la vergüenza  más grande de la historia del país; en las urnas se le dijo “no” a la paz.

Más de cuatro años en el congreso, recorriendo los pasillos del recinto de la democracia, entrevistando a unos y a otros, me hacen contar que en cierta ocasión me encontré a la señora María Fernanda Cabal, con su particular desparpajo para hablar, me abordó y con una seguridad macabra me dijo acercándose a menos de un centímetro de mi integridad: “les vamos a ganar a esos huevones del si”. – Yo, convencido también por lo que se aseguraba en las encuestas y con lo que se decía en redes sociales, la cuestioné amparado en lo que la supuesta mayoría de colombianos dirían que “si” al referendo… Ella con sus ojos abiertos al 150% y su tono de voz con los decibeles inquisidores, aseguró, que desde su sector se estaba yendo a cada zona del país; para decirle a la gente humilde y trabajadora, a los vigilantes, a las empleadas del servicio y todos a quienes se encontraban en el camino, que sí votaban por el si “los hijos se les volverían maricas”  “indignación…los estamos encabronado para que voten con odio”.

Este episodio tan particular, quedó registrado en mi mente y quise confrontarlo con personajes que defendían la paz, con sectores de izquierda y con algunos demócratas que también estaban convencidos de lograr un si rotundo en las urnas. Al día siguiente encontré el momento preciso en una reunión que se realizó en un salón del centro de Bogotá, donde se reunían con cierta frecuencia para organizar sus propuestas.

La euforia se apoderaba del ambiente, Antanas Mockus y su organización llevaban la batuta de la reunión en la que se debatía con arrogancia cuál debería ser el color y el orden del logo de quienes decían sí a la paz.

Cuando terminó la reunión me acerque a las personas que organizaban tan importante evento, entre ellos actores de novelas que acompañan al profesor Antanas en sus ejercicios pedagógicos, que al final no sirvieron para consolidar el si en las urnas.

La estrategia de los del no está en indignar y mentirle a la gente ¿ustedes que harán? – hombre, disfrute de este momento histórico, solo le diremos a la gente que diga si y… listo. Esa fue la respuesta generalizada de las figuras reunidas en ese salón.

Que gran oportunidad para la democracia se pasó frente a todos los colombianos y se esfumó por los egos tan bien marcados de los dirigentes demócratas y de izquierda de nuestra Colombia. Meses  después, se conoció por medio del  gerente de la campaña del no, Juan Carlos Vélez, que la estrategia de la posverdad fue determinante para engañar a los ciudadanos.

Una oportunidad de oro para la democracia se aproxima, con un candidato que no muestran los medios comerciales de comunicación, como Gustavo Petro,  que llena plazas públicas y sube como espuma en las encuestas, pero, advertir nuevamente que los egos y el triunfalismo permea a cada instante en este caso a la Colombia Humana, se hace necesario para que con el tiempo, se aprenda a escuchar, a analizar sin la seguridad nefasta de sabios de cartón y paracaidistas que llegan a disfrutar de las mieles de los posibles triunfos. ¡Cuidado! pululan los errores del pasado y la arrogancia se apodera del círculo primario de quien puntea en encuestas, abrir las puertas de la razón a quienes  desde siempre miran las cosas como son.

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